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El arbitraje en los grupos de empresas familiares
El arbitraje en los grupos de empresas familiares

Daniel Echaiz Moreno*

La funcionalidad del arbitraje como mecanismo alterno para la solución de controversias en los grupos de empresas familiares, permite resolver un conflicto en menor tiempo convirtiéndose, en una herramienta eficiente y eficaz para lo cual, es necesario conocer la distinción conceptual que desarrolla el autor en esta primera parte del artículo, entre los grupos de empresas, la empresa familiar, la familia empresaria y su relación con el arbitraje comercial.



1. Introducción.

Este artículo gira en torno a tres instituciones contemporáneas del Derecho Mercantil que aquí se entrelazan, a la luz de lo que precisamente acontece en la realidad del mercado; me refiero a los grupos de empresas, las empresas familiares y el arbitraje comercial.

a) Hoy en día puede apreciarse con regular frecuencia que las empresas no suelen actuar aisladas, sino que lo hacen formando grupos de empresas donde se distingue la matriz (que actúa como holding) y las subsidiarias (que, a veces, son matrices de otras filiales).
b) Por otro lado, muchas de esas empresas son familiares, debiendo marcarse distancia entre la empresa familiar y la familia empresaria para el adecuado funcionamiento de aquella.
c) Finalmente, el arbitraje comercial ha ganado terreno para la resolución de las controversias atinentes a las empresas, incluso incorporándose estatutariamente y siendo de especial interés a los grupos de empresas y a las empresas familiares.

De todo ello resulta que hay veces en que los grupos de empresas son grupos de empresas familiares y en ellos se establece el arbitraje comercial como mecanismo para la solución de conflictos, aterrizando así en el tema del presente trabajo: el arbitraje en los grupos de empresas familiares.

2. Marco conceptual.

Las tres instituciones anteriormente aludidas no son ajenas a la experiencia profesional y académica adquirida, por lo que el marco conceptual básico de cada una de ellas, se hará a propósito de mis publicaciones en la materia.

2.1. El arbitraje.

En el 2007 se publicó un artículo en Colombia, el cual comenzaba así:

“En el hotel Marriott Marquis, de Nueva York, sus 16 ascensores no tienen botones. A la vez, las dos mil personas que diariamente los usan han visto reducido el tiempo de espera de 90 a 20 segundos, aunque algunos sienten claustrofobia. Se trata de los ascensores de destino, comercializados por las gigantes Otis Elevator y Schindler Holding, donde debe ingresarse previamente el número del piso deseado en un tablero que indica cuál elevador está disponible.

El arbitraje también carece de botones que permitan detenerlo, pues cuando empieza su marcha no tolera ni siquiera la intromisión judicial (¿y la nulidad del laudo arbitral?: recién cuando concluye el arbitraje). La reducción del tiempo en la solución de las controversias lo justifica, ya que, a diferencia de la excesiva carga procesal de los jueces, los tribunales arbitrales se constituyen para cada caso. No hay que sentir claustrofobia; sólo supone acostumbrarse a un nuevo modelo de ascensor”1.

En efecto, el arbitraje se ubica dentro de la categoría de los mecanismos alternativos de resolución de conflictos (conocidos por sus siglas: MARC’s) y supone sustraerse de la competencia judicial; el arbitraje equivale al proceso judicial, el árbitro equivale al juez y el laudo arbitral equivale a la sentencia. Las innumerables ventajas que ofrece el arbitraje se aprecian con mayor atractivo en el mundo de los negocios donde la rapidez en la toma de decisiones, la confiabilidad en los pronunciamientos de la autoridad y la especialización en los asuntos corporativos hacen del arbitraje una herramienta eficiente y eficaz en el mercado. Como bien señala Guillermo Lohmann, “la naturaleza y especialidad de los conflictos no permiten su conocimiento y adecuada resolución por los organismos judiciales con la rapidez que conviene a las cosas”2; sin embargo, “(…) aún su ejercicio se mantiene reservado a las grandes empresas y no ha logrado ser asimilado por la mayoría empresarial de nuestro país, compuesta básicamente por medianas y pequeñas empresas que diariamente ventilan sus conflictos en la vía judicial”3.


2.2. Los grupos de empresas.

A los grupos de empresas le he dedicado varias de mis obras y ahora cito una de las más recientes -publicada en Alemania- en la cual lo defino como “un fenómeno derivado de la concentración empresarial, de naturaleza multiarticulada, constituido por dos o más empresas jurídicamente autónomas, en el cual existe una dirección unificada destinada a la satisfacción del interés grupal y para lo cual se establecen relaciones de dominación-dependencia, las que importan el control ejercido por uno o varios sujetos dominantes (pudiendo ser alguna de las empresas) sobre la empresa o empresas dominadas”4.

El punto de partida es la concentración empresarial. Aquí puede optarse por perder la personalidad jurídica o no de las empresas participantes: en el primer caso estamos ante las fusiones y, en el segundo, ante las uniones de empresas. En estas últimas se podrán establecer relaciones de coordinación o relaciones de subordinación: las primeras se ejemplifican con el consorcio, la asociación en participación, el pool aeronáutico, etc., mientras que las segundas se manifiestan a través del grupo de empresas.

Las características estructurales de los grupos de empresas son la autonomía jurídica de las empresas participantes, de modo tal que cada una de ellas es una persona jurídica que califica como sujeto de derecho; la relación de dominación-dependencia que, jerárquicamente, se establece entre la matriz y las filiales; y la dirección unificada que supone la satisfacción del interés grupal, siendo ejercida por el sujeto dominante, el cual puede ser una persona natural, un conjunto de personas naturales (como una familia empresaria) o una persona jurídica (usualmente, una holding e, incluso, una off-shore).

2.3. Las empresas familiares.

En el 2010, en México, se publicó una investigación jurídica que realicé sobre el protocolo familiar y ahí se conceptualizó a la empresa familiar en los siguientes términos: “[es] aquella organización de carácter económico cuyo objeto principal sea la producción o comercialización de bienes o la prestación de servicios, cuya propiedad pertenece, en su totalidad o en una mayoría, a un grupo de personas unidas por un vínculo familiar, habitualmente los descendientes del fundador de la misma. Otros factores que suelen tenerse en cuenta a la hora de valorar si una empresa es o no familiar es que la mayoría de los órganos de administración y control sean nombrados por un grupo familiar o que algún miembro de la familia participe en dichos órganos”5.

Cabe pues una diferenciación conceptual: se considera “empresa familiar” a aquella empresa cuya administración y propiedad está en poder de una o más familias, mientras que la “familia empresaria” corresponde a un equipo de personas, con vínculos familiares entre ellos, que promueven la implantación de “buenas prácticas” y el desarrollo de las ventajas competitivas en los negocios de los cuales son propietarios, entendiendo que estas empresas son y/o serán fuente de generación de valor para ellas.

El abanico de ventajas de una empresa familiar por ser precisamente familiar es amplio. “Va desde el compromiso con el negocio hasta la expectativa de inversión a largo plazo, pasando por la estabilidad laboral, la cohesión del equipo directivo y la plana gerencial, el conocimiento del mercado, la facilidad de adaptación a los cambios y la capacidad de autofinanciación. Pero todas estas ventajas pueden significar, a su vez, sus potenciales debilidades. Por ejemplo, identificar a una familia con un negocio (como Azcárraga con los medios de comunicación en México o Luksic con la minería en Chile) podría ser un obstáculo para cambiar de sector económico; sólo algunos lo hacen con éxito, como la familia Wiese que pasó de la banca al negocio inmobiliario”6.

La trascendencia de las empresas familiares es evidente: se calcula que representan el 66% en el mundo, el 75% en la Unión Europea, el 80% en México, el 85% en Estados Unidos, el 90% en Chile y el 95% en Italia, por citar algunos casos. Son empresas familiares el Grupo Barone Ricasoli (de Italia), en actividad desde el año 1141; Faber-Castell (de Alemania), que ya va por su octava generación; y Wal-Mart (de Estados Unidos), que es la mayor cadena minorista del mundo. En el Perú los grupos empresariales más importantes son familiares, tales como Credicorp (Romero), Breca (Brescia), Buenaventura (Benavides de la Quintana), Interbank (Rodríguez Pastor) y Gloria (Rodríguez Banda).


* Doctor en Derecho y magíster en Derecho de la Empresa por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abogado summa cum laude por la Universidad de Lima. Catedrático de las Facultades de Derecho de la Universidad de Lima, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, Universidad ESAN y Universidad San Ignacio de Loyola y de la Escuela de Postgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Socio fundador de Echaiz Estudio Jurídico Empresarial. Miembro asociado del Instituto Peruano de Derecho Mercantil. Presidente de la Comisión Consultiva de Derecho Empresarial del Ilustre Colegio de Abogados de Lima. Investigador académico del Instituto Argentino de la Empresa Familiar.


1 Cfr. Echaiz Moreno, Daniel. “Los ascensores sin botones: una nueva manera de comprender el arbitraje”. En: Portal Arbitraje Comercial Internacional. Bogotá, Editorial Legis Colombia, 15 de marzo del 2007.
2 Lohmann Luca de Tena, Guillermo. “El Arbitraje en el Perú”. En: Revista Jus Doctrina & Práctica. Lima, Editora Jurídica Grijley, 2007, Nº 5, p.19.
3 Cfr. Valdivieso López, Erika. “La solución de conflictos societarios en la jurisdicción arbitral”. En: Revista Actualidad Jurídica. Lima, Editorial Gaceta Jurídica, 2010, Nº 203, ps. 269 y 270.
4 Cfr. Echaiz Moreno, Daniel. Derecho & Empresa. Bases para la moderna concepción del Derecho Empresarial. Berlín, LAP LAMBERT Academic Publishing a través de Editorial Académica Española, octubre del 2011, p. 112.
5 Cfr. Echaiz Moreno, Daniel. “El protocolo familiar. La contractualización en las familias empresarias para la gestión de las empresas familiares”. En: Boletín Mexicano de Derecho Comparado. México, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, enero-abril del 2010, Año XLIII, N° 127, p. 110.
6 Cfr. “Importancia de las empresas familiares” (entrevista a Daniel Echaiz Moreno). En: Suplemento Jurídica. Lima, Diario Oficial El Peruano, 2 de agosto del 2011, p. 4.

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